Ahamkara, mente y conciencia desde el vedanta

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Dakshinamurti pisando al ahamkara

Ahaṃkāra (अहंकार) es un término sánscrito que está relacionado con el ego y el egoísmo, es decir, la identificación o apego con el ego de uno. El término “ahamkara” proviene de la filosofía védica y tiene aproximadamente 3.000 años de antigüedad, donde Ahaṃ se refiere al concepto del Yo o “yo” y kāra se refiere al concepto de “cualquier cosa creada” o “hacer”. El término se originó en la filosofía védica hace más de 3.000 años, y más tarde se incorporó a la filosofía hindú, particularmente a la filosofía Saṃkhyā (Wikipedia).

En occidente se suele admitir que la mente es la que permite a los seres humanos tener o disponer de una consciencia. Pero para el vedanta es justamente al revés, ya que es el la Consciencia (el Ser, el Yo) el que dota de operatividad al cuerpo, la mente y el resto de los órganos físicos o sutiles. La consciencia, según el vedanta, se refleja en la mente y “parece” que está depositada en ella, cuando en realidad está depositada en el Atman.

Vedanta profundiza en la mente más que la ciencia occidental. Para el vedanta, la mente dispone de una serie de facetas o categorías, o funciones, sin diferenciación física, pero sí funcional:

  • Manas (मन): es la parte de la mente que se ocupa de procesar los estímulos procedentes de distintas fuentes, ya sean las emociones, los objetos, los pensamientos, el mundo, etc, y reacciona a ellos respondiendo de forma automática.
  • Citta (चित्त): es la memoria.
  • Buddhi (बुद्धि): es el intelecto discriminativo.
  • Ahamkara (अहंकार): el ego, o la idea del yo personal.

La percepción occidental de la mente (como un bloque sin separación funcional) interpreta de manera incorrecta las instrucciones y enseñanzas orientales cuando se dicen cosas como “controlar la mente” o “parar la mente”. Se tergiversa esta idea de que la mente es el problema y que debe ser “limitada” o destruida, en los casos más exagerados.

Manas es esa mente incansable. Es la faceta encargada de procesar estímulos y responder a ellos. Manas se caracteriza por la duda, la curiosidad y la incapacidad de decidir. Está marcada por el impulso y la reacción.

Citta es la memoria, a corto, cortísimo, largo y larguísimo plazo. Está siempre funcionando recogiendo (memorizando) y extrayendo recuerdos, que envía a Manas. Si no hay una correcto entrenamiento, Manas reacciona continuamente ante los estímulos procedentes de la memoria (y los externos).

Si entendemos la mente desde el punto de vista del Vedanta, como un sistema operativo con cuatro funciones o facetas, ese problema deja de ser tal, y pasa a ser la solución, porque usando dichas funciones de manera adecuada, unas funciones pueden limitar o controlar a otras. De hecho, la mayoría de las veces el problema estriba en un funcionamiento descontrolado de Citta, memoria, enviando estímulos a Manas, y otro funcionamiento descontrolado de Manas respondiendo sin tino a los estímulos de Citta. Esto no acabaría, seguramente, si no fuera el factor discriminativo (Buddhi) quien pusiera fin a este círculo vicioso, bien mediante un entrenamiento de la atención, o bien mediante una decisión tajante de no atender a ciertos estímulos.

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Para el Vedanta, la única manera de alcanzar la iluminación (moksha) es usando la propia mente para averiguar cual es nuestra verdadera naturaleza. Es decir, usar la mente para conocer la verdadera naturaleza de la misma: que es un reflejo de la consciencia, o atman (आत्मन्).

Bien, y ¿cual es la postura de Vedanta sobre nuestra mente y sobre nosotros como sujetos?… que nosotros somos consciencia que observa el mundo. Y que tal consciencia, Atman, nunca puede ser observada, ni está sometida al tiempo y al espacio, que es eterna, nunca nació ni morirá, ni tiene atributos, ni desea ni quiere nada. Esa consciencia usa como vehículo espacio-temporal nuestras existencias terrenas, y se manifiesta en nuestra mente y en nuestros cuerpos, conforme a unas reglas divinas y a un orden cósmico, que hacen que estemos ejerciendo unos papeles (personajes) muy concretos. Esos personajes lo son en base a una creación de nuestra mente, el ahamkara o ego, que no es más que una serie de pensamientos que sostienen una idea: el ego. Ese ego, para empezar, se encuentra separado del resto. Esa separación produce mucho dolor e insatisfacción.

Pues es gracias a ese ahamkara por lo que empezamos a buscar y a indagar la causa de la infelicidad. Porque recordemos que Atman, el Ser, no hace más que existir y dar vida al resto, pero no es operativo. Así que el ego es muy necesario y cuanto más dolor más boletos tenemos de realizar el objetivo de la liberación, moksha. Por tanto no se puede decir que el problema es tener ego, sino que el ego es también el instrumento para liberarse. Pero el ego no desaparece nunca, más bien, los liberados saben que existe y cómo han de comportarse con él.

Así que Vedanta nos enseña que ese ego, lo que se suele conocer por el “muñeco” o personaje que uno hace en esta vida, es el medio a través del cual se expresa Atman, o sea, Dios, Ísvara, y que realmente no existe. El problema es que nosotros nos identificamos (la mente se identifica) con tal personaje como algo real.

Otras identificaciones nocivas y que el vedanta enseña a superar, son las que se hacen con Manas y Citta. Uno debe saber que esos órganos funcionan así, pero no se pueden parar, igual que no se puede parar el corazón en su bombeo de sangre. Pero si uno se identifica con el contenido de Manas o de Citta, y lo hace suyo, entonces el individuo cobra corporeidad. El problema es decir “Estos son mis pensamientos”, es decir, que el ahamkara haga suyos tales pensamientos. Al igual que los recuerdos. Uno debe ser consciente de que tales cosas, pensamientos, recuerdos, existen, van y vienen, desaparecen y tal… pero no afectan al Ser o Atman, que está situado aparte, como mero observador. Solo si nos identificamos con ellos, como sujetos, como ahamkara, sufrimos.

Para evitar tal identificación usaremos otra de las facetas o categorías de la mente: Buddhi. mediante ella, sabemos que tal o cual pensamiento existe, pero no es nuestro. Podemos, mediante Buddhi, atender a otro sitio, o dejar de atender a un cierto recuerdo. Por lo tanto, Buddhi es la solución al problema que decíamos de “dejar parada la mente”. La solución no consiste en parar nada, sino más bien en atender conscientemente a lo que hay que atender y desatender lo que debe ser desatendido.

Para eso, es necesario saber qué estímulos han de entrar en nuestras neuronas o sentidos, no se puede mirar cualquier cosa, sin que se produzcan efectos. Así que la primera decisión de Buddhi debe ser atender a lo que se debe atender fuera de nosotros. Segunda decisión de Buddhi, atender a lo que se debe atender dentro de nosotros, saber filtrar pensamientos, emociones y recuerdos. Poco a poco, mediante la operativa correcta, Citta dejará de enviar contenidos fuera de tiempo o lugar, Manas, hará lo que deba hacer según su naturaleza, pero Buddhi atenderá a lo que deba atender, y nuestra mente será más manejable o más estable.

2 comentarios

  1. araceli estevez diez

    excelente articulo que nos allana el camino del autoconocimiento y nos hace comprender una vez mas que hay verdades y sabidurías milenarias patrimonio de la humanidad que siguen vigentes y ayudándonos día a día. Gracias Antonio por compartir tus descubrimientos.

    • SanscritoAgestevez

      Gracias a ti, Araceli, por ser tan benévola. Me he dejado varias cuestiones en el tintero, pero espero poder hablar de ellas en próximos artículos.
      Saludos

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