Reflexión sobre la recitación

sanskrit-dublin

 

Una de las grandes dudas que les asalta a los neófitos del Vedanta es el por qué de la recitación en sánscrito. ¿Qué sentido tiene recitar una y otra vez una serie de sonidos que nadie entiende?… Inicialmente yo me planteé lo mismo, aunque como me había propuesto seguir a pies juntillas las directrices de mi maestro, no me supuso demasiado esfuerzo hacer dicho ejercicio. Pero a medida que avanzaban las sesiones fui encontrándome con varias consecuencias.

En un principio se hace difícil recitar en sánscrito, porque hay muchos detalles en los que fijarse. Las vocales largas y cortas, las letras aspiradas, las reglas de sandhi, etc… todo se va juntando para dificultar la sesión. En ese momento empiezas a plantearte que eso no es lo tuyo, que realmente tú no has nacido para eso, y que te están tomando el pelo, y esa es la peor sensación.

Cuando superas esa etapa, y la práctica (sadhana) de esta lectura empieza a ser dominada, uno empieza a competir consigo mismo y a compararse con los demás. Y crece el ego o, lo que es lo mismo, te apegas a los resultados de tu trabajo. Esa es otra etapa que tiene su importancia, y no poca, en el resultado final. Creo necesario pasar por la etapa de “creerte mejorando” y luego “creerte bueno” recitando. Es lo mismo que cuando practicas yoga (otra sadhana) y te crees bueno haciendo las asanas.

Todas las sadhanas tienen esa función, hacerte ver que tu esfuerzo es importante, pero que no tiene más importancia al final para el resultado que quieres conseguir. Así que de la repetición de dicha práctica el alumno no solo debe aprender a hacer tal o cual ejercicio sino que, añadido a esto,  termina comprendiendo que no debe apegarse al resultado, porque quizá no le pertenece.

Vedanta nos habla continuamente de viveka: discernir. Discernir en realidad significa darse cuenta de lo que hay, de cómo es la realidad. Discernir significa elegir, escoger entre una cosa u otra. Cuando practicas recitación (igual que cuando haces yoga) en grupo, o de forma solitaria, te enfrentas continuamente a la voz de tu ego, que te dice cómo estás en comparación al que eras antes y en comparación a los demás, aquellos que se están preparando contigo, aquellos que en realidad no son nada más que tu proyección. Es en esta etapa, en la que el ego compara, cuando  discrimina. Pero para discriminar (viveka), debe previamente ponerse en funcionamiento Manas, dudando, deseando, probando y compitiendo.

Este asunto de la sadhana y el ego se ha tratado mucho en la historia del Vedanta. De hecho hay corrientes (neo-vedanta) que rechazan la práctica espiritual por sus efectos sobre el ego. La tesis es que las sadhanas alimentan el ego, por eso se rechazan. Sin embargo ¿por qué todos los grandes maestros han afirmado que la práctica espiritual y el esfuerzo suponen un camino ascendente hacia la iluminación?… porque sabían o saben que la sadhana, como esfuerzo en el que se ponen en juego varios instrumentos del ego -cuerpo, mente, sentidos, realmente aquellos instrumentos con los que nos movemos por el mundo, no pueden ser otros- termina por apagar dichos instrumentos y haciendo que carezcan de importancia, por simple consumo de energía.

Ser mejor o ser peor carece de importancia, llegado el momento. Ni siquiera tiene importancia quien hace la práctica, porque no hay nadie detrás de ella.

 

 

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